Partager l'article ! Rebajas de temporada, juego de escritura domingo 16 2011: Tengo frío, estoy sin aliento; ayer junto a unos cuantos compañeros ...
Nubes de algodón

Tengo frío, estoy sin aliento; ayer junto a unos cuantos compañeros llegamos en un camión, nos dejaron aquí encerrados en esta pieza polvorienta, al oscuro. Detrás de la puerta se escuchan voces, hay mucho movimiento, de vez en cuando vienen a buscar uno de entre nosotros, y vemos una luz enceguecedora que nos deja ciegos durante un buen momento. Ninguno de nosotros, se atreve a hablar, mi vecino tirita, todas sus articulaciones se sacuden. Pobre, ya tiene su edad y teme no servir esta temporada.
Tengo frío, me siento mal, según lo que he calculado el próximo que vendrán a buscar es a mí, he quedado enfrente de esa puerta que nos esconde nuestro futuro. Como me gustaría que el aire bese mi cara como esa vez que se rompió el aire acondicionado y tuvieron que abrir la puerta y las ventanas. Desde ese día vivo para volver a vivir ese momento.
Inmóvil, bloqueé la respiración, oí que alguien se acercaba, abrió la puerta y sin mirarme me cogió por la cintura, era una pequeña mujer un poco regordete, con el pelo teñido, vestida de negro. Me llevó sin problema hasta el centro de la pieza, ahí me esperaba otra mujer que parecía ser la jefa, daba órdenes, y viéndome llegar, hizo una mueca, decidió que sería rubia, yo quedé más dura de lo que era, si me ponían en el escaparate, tendría que soportar las miradas de todos esos viejos verdes que se hacían los tontos, y se imaginaban atrocidades conmigo. La gordita, sugirió que la peluca morena me quedaría mejor, era tendencia con el trajecito que había elegido para mí. La jefa volvió a hacer una mueca y terminó consintiendo, yo casi salté de alegría, una sonrisa de empresaria exitosa se dibujo sobre mi cara.
Había quedado divina, me pusieron una que otra etiqueta con el 50 por ciento de descuento y quedé a la derecha de un escaparate decorado con carteles llamativos. Mañana empezaban las rebajas, era la época en la que más trabajábamos. Yo tenía decidido desde las última temporada jubilarme, así que había planeado todo para poderme retirar.
Mi vecino terminó en el fondo de la tienda vestido de cowboy, se le veía contento.
Durante dos o tres horas fue un hormigueo, las vendedoras y las asistentes iban y venían, cargadas de etiquetas y de ropa. Cuando al fin la jefa decidió que era tiempo de irse, ya era tarde, todas habían hecho horas extras.
Mi vecina llevaba un vestido de coctel, se hacía toda la sexy, llevaba medio pecho afuera y mostraba sus piernas con unas medias finas muy bonitas, era su primer escaparate, pero no sabía lo que le esperaba, yo sonreía interiormente.
Por la mañana la jefa llegó temprano, y enseguida abrió las persianas, en la calle las luces todavía estaban encendidas.
Mi vecina “la sexy” me dijo; suerte. Yo, bien educada, le dije igualmente. El primer trasnochador no tardó en llegar y desvestir a mi compañera con esos ojos de depravado que yo conocía, la jovencita, al lado mío reculó, alcancé a sujetarla para que no se cayera, pero la jefa oyendo ruido se acercó y volvió a ponerla en su lugar muy cerca del cristal.
Los degenerados parecían haberse dado cita, me daba lástima, todos habíamos pasado por esas. Hoy yo me salvaba.
Las clientas, las verdaderas, no tardaron en llegar, y la sonrisa de mi vecina volvió, yo, paciente, sentía que era mi día. Varias mujeres demasiados gordas se extasiaban en frente mío. Me tocaban y buscaban la etiqueta para ver el talle. Yo, orgullosa, llevaba como siempre un 38.
Fue a eso de las once que la vi llegar, del brazo a su marido, elegante feliz, me miró y quedó en adoración, miró a su marido, la aceptación fue inmediata, entró en la tienda corriendo, era muy bonita, tenía el pelo castaño claro, unos ojos verdes preciosos, la asistente regordete me vino a buscar, y esta vez con mucho cuidado me llevó hasta el probador, explicó que era el único talle que quedaba de ese sublime trajecito de marca.
Quedé sola con la clienta, el trajecito le iba de maravilla como a mí. Era el momento. Me puse la ropa que ella se había sacado.
Media hora después sentí el aire besar mi cara. Un nuevo maniquí con un vestido de fiesta aparecía en el escaparate; la peluca que llevaba era castaña clara. Un marido desesperado hablaba con la asistente regordeta.
Yo me había jubilado, y ahora me podía ir de tiendas.
©juegos de escritura
«Il est vital pour le poète de lever des échos, et de le savoir. Nul mieux que lui ne s'accorde aux solitudes ; mais aussi, nul n'a plus besoin
que sa terre soit visitée.»
[ Andrée Chedid ] - Terre et poésie
«Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan
un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de
cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar el mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros
tengan razón. Estas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.»
BORGES
Poesía quieta
¿Por qué tanta movilidad
Tiene la poesía quieta?
Se nublan las hojas
No verdecidas
Aparenta muerte
¿Será la vida?
Tanto se mueve
Es la quieta lágrima
¿Agua de sueños?
De dónde entonces
el canto alzado
dobla
la parte más blanda del cielo.




