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Nubes de algodón

Al principio pensé que sufriría poco de nuestra separación, pero hacía ya un mes que Alicia me había dejado diciendo que ya no teníamos nada en común. Pensaba como ella, me pareció valiente su decisión, yo no sé si hubiera sabido irme. Pero desde hace una semana no sé qué me pasa, ya casi no duermo y me paso el día pensando en ella, tengo pesadillas abominables y todas las noches me tengo que levantar, me despierto empapado por el sudor de mi cuerpo.
El martes a eso de las dos de la mañana me desperté mojado, un olor amargo y acido se desprendía de mí, me levanté, encendí la luz del velador, y decidí sacar las sábanas y meterme en la bañera, el agua bien caliente me relajaba, de pronto un insecto apareció cerca del grifo, uno de esos bichos repugnantes, con mil patas, la cabeza alargada, con antenas, de color cobrizo, no le presté mucha atención, volví a cerrar los ojos y deleitarme del agua jabonosa.
Sentí un cosquilleo en el pie izquierdo, lo saqué del agua y con asco me di cuenta que el insecto se había pegado a mi dedo gordo, intenté sacudirlo para que cayera en el agua pero no había manera de desprenderme de él. Me senté para sacármelo con la mano, sentí como si me plantaran mil agujas y una descarga eléctrica recorrió mi pierna. Logré ponerme de pie, mi pie parecía pesar toneladas tuve que ayudarme con mis dos manos para sacar la pierna de la bañera.
Vacilé, ya no sentía nada, la pierna parecía una pata de muñeca de trapo, a cada paso tenía que arrastrarla. Me envolví en una toalla, traté de desplazarme agarrándome de todo lo que veía a mi alcance para evitar la caída.
Llegué hasta la mesilla del teléfono y pulsé el número de urgencia, intenté explicar lo que me había pasado, cuando dije que una especie de cucaracha de agua me había atacado en mi bañera, la recepcionista se rio y me colgó diciéndome que no saturase la línea. Eran las tres de la madrugada. Me desmayé.
Cuando me desperté estaba en mi cama cubierto con dos mantas, al lado mío, Alicia dormía profundamente.
Sacudí mi cabeza y pensé que nunca había tenido una semejante pesadilla, tenía la impresión que había durado meses. Mi corazón latía a mil. La observé dormir. Eran la seis de la mañana decidí levantarme y preparar un buen desayuno.
Qué agradable sensación de sentirse vivo, preparé una bandeja con dos tazas de café, el jugo de naranja y unos biscochos y me fui con ella a la habitación.
Cuando iba llegando sentí un picoteo en mi dedo gordo, vi la cicatriz de una picadura. Levanté la vista, la cama estaba vacía y sin sábanas.
Dejé caer la bandeja.
© relatos cortos Julio 2010
«Il est vital pour le poète de lever des échos, et de le savoir. Nul mieux que lui ne s'accorde aux solitudes ; mais aussi, nul n'a plus besoin
que sa terre soit visitée.»
[ Andrée Chedid ] - Terre et poésie
«Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan
un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de
cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar el mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros
tengan razón. Estas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.»
BORGES
Poesía quieta
¿Por qué tanta movilidad
Tiene la poesía quieta?
Se nublan las hojas
No verdecidas
Aparenta muerte
¿Será la vida?
Tanto se mueve
Es la quieta lágrima
¿Agua de sueños?
De dónde entonces
el canto alzado
dobla
la parte más blanda del cielo.




