Jacqueline era una joven de 15 años con todas esas primaveras en la cabeza propias a cualquier adolescente de su edad. Estaba enamorada y quería ser maestra jardinera. Le gustaba escribir en la pizarra y sentir el polvo de la tiza en sus manos.
Hacía unos meses, su vida había cambiado, su madre había fallecido en un accidente y ahora le tocaba a ella ocuparse de todo en la casa, tenía dos hermanos de 10 y 12 años y no la ayudaban en nada.
El día de sus quince años su padre le dijo que se olvidara de los estudios, era una mujer y las mujeres no necesitaban estudiar ni trabajar, tendría siempre lo que necesitara para vivir en casa o más tarde cuando conociera a un hombre afortunado.
Desde ese terrible día no habia vuelto al colegio y los profesores llamaban a menudo a su padre, pero él no respondía, su amiga Adela le telefoneaba diariamente para tenerla al corriente de lo que hacían en clase, pero aunque se acostara tarde, le era imposible seguir el programa sola.
Enrique también la llamaba, estaban muy enamorados, él estaba desesperado porque tampoco lograba verla, eran jóvenes pero sabían que su amor era para la vida. Fue en una de esas conversaciones a escondidas con Enrique a Jacqueline que se le ocurrió la idea.
Hola mi amor
Como mi padre no me deja ir al colegio, y no puedo verte como quisiera, he decidido escribirte. ¿Cómo estás? ¿Me sigues queriendo como me lo dijiste tan suavemente el otro día al oído? ¿Cómo extraño tus caricias y tus besos?
Cuando paso el aspirador sueño que estoy en mi casa y que pronto regresarás del trabajo y nos pondremos a hablar de todo y de nada con una taza de café sentados en el sofá.
Estoy un poco triste y preocupada, no sé a quién contarle lo que me pasa, espero que leyendo estas líneas no te asustes y me ayudes a encontrar una solución. Hace dos meses que no me bajan las reglas, he leído muchos artículos y estoy segura que estoy embarazada. Imagínate mis nervios, no sé cómo hacer, si mi madre estuviera viva tendría alguien con quién hablar. Quizás puedas hablar con tu madre y que ella me ayude.
Espero que puedas escaparte el miércoles que viene y venirte hasta casa, yo acompañaré como siempre mis hermanos al yudo y tendremos dos horas para nosotros.
Te quiero con toda mi alma.
Tu “jaja”
Contenta con la carta, puso la dirección en el sobre, e inocentemente se la dio a su padre para que la lleve a Correos. El padre a penas había pasado la puerta la estaba leyendo como había planeado Jacqueline, aunque no pensó que todo iría tan rápido, lo vio volver como un tornado y darla vuelta de una cachetada, cogerla de un brazo y llevarla al médico, en todo ese tiempo no le dijo nada.
Cuando el doctor Sánchez terminó de examinarla, le preguntó por qué había inventado esa historia; ella entre sollozos, le explicó lo que ocurría. Luego padre y médico de cabecera mantuvieron una larga conversación.
Cuando el padre de Jacqueline salió, estaba pálido y exasperado. La llevó a casa, le dijo que preparara una maleta e hizo dos o tres llamadas telefónicas.
Dos horas después Jacqueline se iba en un tren destino a Francia donde vivía una hermana de su madre. Tendría que ocuparse de ella y seguir los estudios en un colegio francés.
Su vida cambió más de lo que ella hubiera deseado, no tenía ningún poquito de ganas de volver al colegio, sobre todo en Francia, donde pasan el día sentados estudiando sin aprender nada.
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